Game Over

Game Over

Posted on

Game Over

Nunca le he contado esto a nadie, ni siquiera a mis mejores amigos de toda la vida. Mi nombre es Javi, soy un chaval bastante tímido, no suelo salir mucho de fiesta y prefiero quedarme en casa jugando a la consola hasta altas horas de la madrugada. Un sábado por la noche, mientras estaba en mi habitación totalmente a oscuras, únicamente iluminado por la luz de la pantalla de la televisión, y esperando a que cargase la partida, me asomé por la ventana para fumarme un cigarro y despejarme un poco.

Corría una suave brisa, y se escuchaban las voces de la gente que pasaba por debajo de mi calle. Mi mirada se centro en la ventana de enfrente. La luz era tenue y las cortinas estaban apartadas, podía ver, aunque me costaba, los muebles de una habitación y una silueta moverse de un lado a otro. De pronto, pude apreciar que la silueta era de una mujer, totalmente desnuda de cintura para
arriba. Sus pechos se movían de un lado a otro mientras caminaba. No podía dejar de mirar, y aunque se apreciaba con dificultad, mi imaginación comenzó a volar, queriendo ver más de lo que mostraba.

Empezó a agacharse, se estaba quitando las medias y podía ver el contorno de su delgado cuerpo. De repente, miró hacia mi ventana y se cubrió con sus manos. No cerró las cortinas, si no que las abrió mucho mas. Ella sabía que yo estaba mirando, y creo que le gustó, y a mi mucho más. Se arrimó a la pared, y comenzó a acariciar delicadamente su cuerpo mientras no dejaba de mirarme.

Yo no podía creerme lo que estaba viendo, y obviamente me puse a tono. A ella no parecía molestarla que yo la mirase, pues se sentó en la cama con las piernas abiertas frente a la ventana y comenzó a tocarse como si estuviera sola. Yo hice lo mismo, aunque con un poco más de disimulo, ya que estaba paralizado por lo que estaba viviendo.
Me excitaba la idea de no ver nada más que la silueta de su cuerpo desnudo dándose placer. No distinguía sus rasgos, tan solo su cuerpo. Cuando acabé, me metí de nuevo en la habitación, acalorado y aún en éxtasis por lo que había experimentado. Al cabo de unos minutos, quise reanudar la partida, pero me era imposible.
Mi mano estaba aún resentida.