Julia la Carnicera

Julia la Carnicera

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Desde que era pequeño, recuerdo como todos los jueves, mi madre y yo íbamos a la carnicería del barrio a hacer la compra. Yo me quedaba asombrado con la maestría que tenían los carniceros al cortar la carne y siempre me quedaba pegado a los cristales del mostrador. Una vez más adulto, sigo yendo a la misma carnicería, todos los jueves.

Hace un par de semanas, cuando fui, vi que habían contratado a una chica nueva. Era jovencita, una cara angelical y un cuerpo de escándalo. Desde el día que la vi, voy más a menudo solo para verla y espero que me pueda atender ella. Esta mañana, fui más temprano, aun no habían abierto.

La vi aparecer con unos pantalones ajustados que le marcaban un buen culo, y su morena melena suelta. Nunca la había visto así, ya que siempre llevaba puesto el uniforme.Al ver su magnifico
culo, me puse a cien. Me preguntó por qué estaba allí desde tan temprano, y le puse como excusa que tenia una mañana completa y que no tendría tiempo en otro momento.

Sonrió y abrió la puerta de la tienda. Pasó y encendió las luces. Yo me quedé fuera esperando, pero ella me invito a entrar. Me quedé junto a la puerta, viendo como se quitaba la cazadora.
Su jersey de cuello alto le marcaba unos increíbles y altivos pechos. Tuve que girarme para que no viera mi increíble erección.

Julia, que así se llamaba, me preguntó si estaba bien, a lo que yo no pude responderla. Se acercó a mí, y al ver mi situación, soltó una pícara carcajada. Me agarró de la mano y me llevó al almacén.
Yo estaba temblando, pero sus cálidas manos empezaron a acariciar mi entrepierna. Me bajó la cremallera y se agachó, sacándomela y lamiéndomela como si fuera un helado.

No me podía creer lo que estaba pasando y tenía miedo de que alguien entrara a la tienda.
-Tranquilo, aún no es la hora. Me dijo desde abajo.
Comenzó a metérsela en la boca,mientras me masturbaba. Era toda una experta.

Cuando terminé de correrme,salí agotado del almacén,mientras ella se quedaba colocándose su uniforme.
Al rato apareció un compañero de Julia, que se dió cuenta de mi estado. Éste me sonrió y me guiñó el ojo. Creo que sabia lo que había pasado.

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